La Comunidad Papa Juan XXIII está en Chile desde 1994, una presencia basada en compartir la vida con la población más pobre y marginada. Desde hace algunos años, también hemos optado por trabajar junto al pueblo mapuche, la comunidad indígena más numerosa del país.
El pueblo mapuche siempre ha luchado por el reconocimiento y la defensa de su identidad y su cultura, aplastado por un lado por el Estado, que no reconoce plenamente la existencia de los pueblos originarios y no protege su supervivencia, y por otro por las grandes empresas que usurpan sus tierras, su única fuente de subsistencia.
Los mapuches viven en estrecho contacto con la naturaleza y se mantienen gracias a la agricultura y la ganadería, pero sus vidas están constantemente amenazadas: desde el nacimiento del Estado chileno, se les ha privado de gran parte de sus tierras originales, donde han vivido durante generaciones, y se ha restringido su acceso a los recursos naturales, esenciales para su supervivencia física y cultural. Sus territorios se han concedido a menudo a colonos extranjeros o a empresas internacionales que explotan sus recursos.
En la actualidad, muchos mapuches han tomado conciencia de lo que se les arrebató e intentan luchar por sus derechos. Sin embargo, a menudo se les margina, discrimina y trata como "holgazanes", y a quienes luchan enérgicamente por el reconocimiento de sus derechos culturales y territoriales se les considera terroristas y se les somete a juicios o a prisión política. El Estado chileno les concede pocas protecciones y derechos, y a medida que el movimiento crece, los trata como subversivos.
El cambio de gobierno en 2026 augura una escaladadel conflicto entre el Estado chileno y el pueblo mapuche , y es probable que aumente el uso de la fuerza por parte del Estado en acciones represivas contra la resistencia mapuche.
Jóvenes voluntarios en defensa de un pueblo oprimido
Los voluntarios de la "Operación Paloma" (Cuerpo de Paz Noviolento de la Comunidad Papa Juan XXIII) han optado por estar a su lado, compartiendo su exigencia de respeto a sus derechos y siendo testigos de los abusos que sufren constantemente.
La denuncia de las injusticias que sufren ha impulsado a chicos y chicas italianos a marcharse a vivir a los territorios de este pueblo ancestral. Su presencia no violenta actúa como protección y apoyo en los momentos de protesta, cuando los manifestantes suelen ser víctimas de la represión policial, como garantía durante los juicios en tribunales y cárceles, y como caja de resonancia para dar a conocer en Italia lo que ocurre en el Wallmapu.
Apoyar la presencia de voluntarios junto al pueblo mapuche. Su compromiso representa una contribución fundamental en el camino de este pueblo hacia la dignidad y la justicia. Su apoyo, tanto moral como práctico, es esencial para que los mapuches puedan continuar su lucha con mayor fuerza y determinación.